El 24 de noviembre de 1971, un hombre que se identificó como «Dan Cooper» subió a bordo del vuelo 305 de Northwest Orient Airlines con destino a Seattle. Vestía un traje oscuro, camisa blanca, corbata negra y llevaba una gabardina. Parecía un hombre de negocios común y corriente, pero estaba a punto de protagonizar el único caso de piratería aérea sin resolver en la historia de la aviación de los Estados Unidos.
Han pasado más de 50 años desde aquella fría y lluviosa noche de Acción de Gracias. El FBI lo buscó incansablemente durante 45 años antes de suspender oficialmente la investigación activa en 2016. Nadie sabe quién era realmente, si sobrevivió al salto, o dónde quedó el botín.
El secuestro perfecto
Poco después del despegue, Cooper le entregó una nota a la azafata Florence Schaffner. Acostumbrada a recibir números de teléfono de pasajeros solitarios, la guardó en su bolsillo sin leerla. Cooper se inclinó y le susurró al oído:
«Señorita, mejor mire esa nota. Tengo una bomba».
La nota exigía algo muy específico: 200.000 dólares en billetes de 20 negociables y cuatro paracaídas (dos principales y dos de reserva). Además, exigía un camión de combustible listo en Seattle para repostar el avión inmediatamente a su llegada.
Cuando el avión aterrizó en Seattle, Cooper demostró una calma asombrosa. Intercambió a los 36 pasajeros por el dinero y los paracaídas, liberando también a parte de la tripulación. Manteniendo al piloto, la co-piloto, una azafata y un ingeniero a bordo, ordenó que el avión despegara de nuevo con un rumbo fijo: Hacia el sur, rumbo a Reno, Nevada, volando a la menor altitud y velocidad posibles.El salto al vacío
En algún lugar entre Seattle y Reno, sobre el escarpado y densamente boscoso territorio del suroeste del estado de Washington, ocurrió lo impensable.
A las 8:13 p.m., la tripulación sintió un cambio repentino en la presión del aire. Cooper había bajado las escaleras traseras del Boeing 727 (una característica única de ese modelo que permitía el descenso en pleno vuelo).
Con un frío polar, una lluvia torrencial y visibilidad cero, Cooper se amarró el botín al cuerpo, se colocó dos paracaídas y saltó hacia la oscuridad de la noche.
[ Seattle ] ✈️ --> (Salto estimado en la zona de Ariel, Washington) --> [ Reno ]
A partir de ese instante, se convirtió en un fantasma.
45 años de callejones sin salida
El FBI lanzó la operación «NORJAK» (Northwest Hijacking), una de las búsquedas más extensas y costosas de la historia de la agencia. Se interrogaron a miles de personas, se rastrearon los números de serie de los billetes por todo el país y se peinaron los espesos bosques de Washington.
A lo largo de los años, surgieron cientos de teorías y sospechosos:
- Richard McCoy: Un veterano de guerra que cometió un secuestro idéntico meses después, pero el FBI determinó que no encajaba con las descripciones físicas de Cooper en el vuelo original.
- Sheridan Peterson: Un experimentado paracaidista con un pasado misterioso que encajaba en el perfil, pero del que nunca se hallaron pruebas concluyentes.
El único rastro real
El caso dio un vuelco en 1980, cuando un niño de ocho años que acampaba con su familia encontró tres paquetes de billetes semienterrados en una playa del río Columbia, al norte de Portland. Estaban deteriorados por el agua, pero sumaban 5.800 dólares. Tras revisar los números de serie, el FBI confirmó la peor de las noticias para sus registros: Eran parte del rescate de Cooper.
Sin embargo, el hallazgo generó más preguntas que respuestas. ¿Murió Cooper en el salto y el dinero fue arrastrado por el río? ¿O enterró una parte allí intencionalmente para despistar? El resto de los 194.200 dólares jamás ha entrado en circulación.
El cierre del expediente
En julio de 2016, tras 45 años de revisar cada pista imaginable, el FBI anunció oficialmente que suspendía la investigación activa del caso para redirigir esos recursos a prioridades más urgentes. Aunque la agencia aclaró que revisarían cualquier prueba física nueva que se presente (como paracaídas o dinero auténtico del secuestro), el archivo pasó a la historia como un misterio eterno.
Para muchos expertos en supervivencia, Cooper no pudo haber sobrevivido a un salto a más de 3.000 metros de altura, a 300 km/h, vestido solo con un traje y cayendo sobre árboles gigantescos en una noche helada. Para los entusiastas del misterio, Cooper logró la hazaña perfecta, cambió de identidad y vivió el resto de sus días disfrutando de una leyenda que el FBI jamás pudo descifrar.
