El pastor que durante más de medio siglo ha convocado a miles de creyentes a orar por la unidad y la moral del país enfrenta hoy un severo cuestionamiento ético en su propio núcleo familiar. Tras las denuncias públicas de su hija Kathy Raschke, a quien se le habría impedido el acceso a su padre en la más reciente edición de Clamor a Dios, la figura de Jorge Raschke vuelve a quedar atrapada entre el discurso público y la realidad privada.
el choque entre la doctrina y el testimonio
El reclamo principal no surge solo de las diferencias administrativas o los viejos pleitos legales que marcaron su divorcio en 2001, sino del impacto que esta conducta genera en su grey:
- la incoherencia del mensaje: Mientras desde las escalinatas del Capitolio el evangelista predica sobre el perdón, la reconciliación y la sanidad de las familias puertorriqueñas, la imagen de una hija viajando desde Orlando sin poder abrazar a su padre enfermo proyecta una evidente falta de aplicación práctica de esa misma fe.
- el control del entorno: Sectores dentro de la propia comunidad evangélica cuestionan hasta qué punto el liderazgo del ministerio ha permitido que un «cerco protector» o intereses de terceros prevalezcan sobre el deber moral y paternal de propiciar la paz familiar.
- la responsabilidad del líder: En la tradición cristiana, la capacidad de gobernar la propia casa es considerada un requisito fundamental para dirigir un ministerio. La apatía o la negativa a intervenir directamente en un conflicto filial debilita la autoridad moral de quien aspira a guiar espiritualmente a un pueblo.
un patrón que empaña el legado
No es la primera vez que la vida privada del religioso entra en conflicto con su proyección pública. Desde el sonado proceso judicial por trato cruel e injurias en su primer matrimonio con Isaura Martínez, hasta los recientes señalamientos por el acceso a su persona, el manejo de sus crisis familiares ha dejado grietas en su imagen.
A sus más de 80 años, el mayor reto del evangelista podría no ser la postura de los políticos frente al Capitolio, sino la urgencia de reconciliar su testimonio en la tarima con las asignaciones pendientes en su propia mesa.

