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Determinan no causa contra Jerome Garffer

La jueza Mariela Miranda Recio determinó esta tarde no causa contra Jerome Garffer en la vista preliminar en alzada por violación a la Ley para la Prevención e Intervención con la Violencia Doméstica (Ley 54) que le imputaba su expareja.

En su extenso testimonio, la joven describió un reiterado patrón de acoso que iba acompañado de constantes insultos, así como varios incidentes con violencia física, incluyendo golpes y empujones.

La expareja del abogado Jerome Garffer narró esta mañana un supuesto prolongado y enfermizo patrón de acoso y maltrato sicológico y físico durante una relación consensual de unos dos años, como parte de la vista preliminar en alzada que se llevó hoy contra Garffer por una demanda de violencia doméstica.

Asimismo, narró dos incidentes en que llamó a las autoridades para denunciar a Garffer y terminó siendo ella la arrestada, otro en que no se completó el proceso de la denuncia, y uno más en que ella decidió no querellarse porque ya no confiaba en el proceso.

Salió a relucir otro incidente más, pero la defensa de Garffer objetó que se presentara porque el mismo ya fue llevado ante los tribunales y se declaró no causa contra Garffer.

“Terminé la relación porque el maltrato sicológico no terminaba. Jerome (Garffer) continuamente me insultaba, siempre se refería a mí como que era una p…, que estaba con cualquier hombre. Por llamadas, por mensajes, cuando nos encontrábamos, siempre me lo decía. La continuidad de sus insultos no terminaba”, describió la joven, a preguntas de la fiscal Ruth González.

Comentó que a cada rato acaban pasaban semanas sin verse, hasta que volvía a contactarla, pasaban dos o tres días “bastante bien”, hasta que volvía a repetirse el maltrato.

“Tenía que tranquilizarlo todo el tiempo. Siempre estaba preguntando dónde estaba, si me estaba haciendo las uñas tenía que enviarle una foto. Siempre estaba como asustada, siempre con el teléfono conmigo, velando que nadie se me acercara”, continuó narrando.

“Tenía que decirle todo, era una constante ansiedad. Si iba a bañarme, si iba a maquillarme. Todo el tiempo tenía que validarlo todo, por llamadas, por videoconferencia. Y aun así, me decía, el tipo está escondido. Era algo constante”.

Describió un incidente que le llamó p… y la empujo primero contra una pared y luego contra un espejo que se rompió, cayéndole a ella los pedazos de cristal encima. Llamó a la policía, pero luego de ir al cuartel de otro municipio, donde había ocurrido la agresión que alegaba, no se llegaron a hace nada.

En otro incidente, mientras estaban separados, narró que Garffer la llamó para decirle que un hombre que se había sentado cerca era peligroso, que se fuera con él.

“Accedí porque pensé que podía hablar con él. Yo lo amaba, yo amaba mucho a Jerome”, respondió la joven a preguntas de la fiscal sobre por qué volvía con él, a pesar de lo ocurrido.

Ya en le vehículo de Garffer, dijo que le volvió a llamar p… y le pegó un puño en la boca. Logró que detuviera el carro, y llamó a la policía.

“Tenía la boca hinchada, el labio de abajo sangrando”, describió.

Agregó que llegó la policía, “habla primero con él, no sé qué les dijo, pero la policía me detiene a mí”.

Según su relato, más adelante Garffer la llamó a preguntar cómo estaba y le invitó a un centro comercial a compartir con una pareja de amigos en común.

Una vez allí, “empieza a decirme, te vas a ir con ellos a hacer un ‘threesome’, es que tú eres bien p…”. Se va del lugar a su casa y Garffer la persigue, la intercepta en el estacionamiento, la empuja contra su guagua, provocando que se le vire un tobillo.

La sigue a su apartamento, gritándole el mismo insulto. Llama a la policía, que llega al lugar. Para entonces tenía el pie izquierdo hinchado, y la llevan a un hospital. “Me desgarré dos ligamentos, me pusieron yeso y todo”. Pero, otra vez, “me detienen a mí, me esposan a mí, yo con el pie roto, que yo llamé a la policía”.

Al día siguiente la dejan ir, diciéndole que Garffer no tenía interés en radicar cargos.

Posteriormente, en un viaje a Nueva York, visitaron a un amigo y, tras cenar, se produjo otro incidente. “Íbamos al hotel en el taxi y empieza, que tú tienes mucha confianza con ese amigo tuyo, ese es otro que te estás tirando”.

Se fue delante al salir del taxi, mientras recibía mensajes de su amigo preocupado por ella porque se había percatado que algo andaba mal.

En la habitación, luego de más insultos, ella recoge sus cosas y se va. Su amigo, había acudido al hotel en su auxilio y había alertado al personal del hotel. Ya en casa de su amigo, tras conversar con él y su esposa, llamó a la policía y “se hizo un informe”.

Otro incidente ocurrió en un restaurante, cuando le arrebató su teléfono reclamándole que estaba hablando con alguien. El dueño del lugar intervino en el estacionamiento para que la situación no escalara.

Un suceso más ocurrió en agosto del 2020, en el que estuvo involucrada la hija de la demandante. Sin embargo, el abogado de Garffer, el licenciado Mario Moczó, objetó que se mencionara el mismo, porque “eso un juez ya lo adjudicó y no hubo causa y el fiscal no fue en alzada”.

Luego, mientras regresaban de una salida a Naranjito, Garffer le volvió a reclamar con insultos y la golpeó en el rostro, provocando que sangrara.

Se baja en la carretera, y fue socorrida por desconocidos. Llamó a la policía, “me llevan al cuartel, tenía la boca hinchada, con hematomas”. Aunque le dijeron que se querellara, respondió que “yo solo quiero llegar a mi casa, ya pasé por eso, pedí orden de protección y no pasó nada”.

Se reunieron una vez más y le dijo, “esta es la última vez que lo vamos a intentar, no puedo más, mi corazón no da más. Lo voy a intentar, pero vamos a buscar ayuda profesional”.

Pero luego que la insultara otra vez por no responder el teléfono de inmediato, porque le estaba comprando un regalo por el Día de Reyes, decidió acabar la relación.

No obstante, ocurrieron otros incidentes. Uno involucró incluso a un legislador, así como a personas de la fundación para la que trabaja.

Por último, ocurrió el incidente del 21 de enero, que es el que desata la denuncia de violación a la Ley 54, para la Prevención e Intervención con la Violencia Doméstica, y que acabó con un altercado de insultos y empujones en el estacionamiento de un restaurante.

“Yo tengo la necesidad de que me crean que todo eso pasó. Han sido un sinnúmero de situaciones y que no se me cree. Lo que quiero es sentirme protegida, tener paz, sentirme tranquila. Vivo en un estado de nervios, tengo sesiones todas las semanas con mi sicólogo”, reclamó entre llanto la demandante al final del interrogatorio de la fiscal. “Quiero tener paz, tranquilidad. Quiero sentirme protegida”.

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